William Hogarth – The Bruiser 1763
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El perro, situado a la izquierda, se presenta con una expresión que oscila entre la curiosidad y la cautela. Su postura es rígida, casi formal, lo que sugiere una cierta solemnidad o incluso una actitud de juicio frente a los acontecimientos que se desarrollan. La minuciosidad en el grabado permite apreciar la textura de su pelaje y la expresión de sus ojos.
En el centro, un oso antropomorfizado domina la composición. Viste un chaleco con pajarita, lo que le confiere una apariencia ridícula y al mismo tiempo, una cierta dignidad burlesca. Sostiene en sus garras una jarra rebosante de líquido espumoso, posiblemente cerveza, gesto que evoca el consumo excesivo y la indulgencia. La expresión del oso es ambigua; parece disfrutar de su bebida, pero también denota una especie de torpeza o descontrol.
La disposición de los objetos en primer plano añade capas de significado a la escena. Se distinguen libros apilados, un recipiente adicional y una pequeña imagen rectangular que representa una escena teatral o festiva. Estos elementos sugieren una crítica implícita al mundo del espectáculo, el conocimiento superficial y las distracciones triviales. La presencia de papeles sueltos en el suelo podría simbolizar la desorganización, la decadencia moral o incluso la corrupción.
El uso de la luz es notable; ilumina principalmente a los personajes principales, creando un contraste con las zonas más oscuras del fondo. Esta técnica acentúa la teatralidad de la escena y dirige la mirada del espectador hacia los puntos focales.
Subtextualmente, esta obra parece ofrecer una sátira social. El oso, como figura central, podría representar a la clase dominante o a aquellos que abusan de su poder e indulgencia. El perro, con su actitud observadora, simboliza quizás el sentido común o la moralidad que juzga las acciones del oso. La escena en general parece cuestionar los valores y comportamientos de una sociedad dada a la ostentación y al placer efímero. La composición, aunque aparentemente humorística, encierra una crítica mordaz y un comentario sobre la naturaleza humana.