William Hogarth – A Rakes Progress
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A la izquierda, dos mujeres mayores, presumiblemente institutrices o familiares preocupados, gesticulan con vehemencia hacia el joven. Sus expresiones denotan reproche y consternación, como si estuvieran presenciando un comportamiento inaceptable o lamentando una decisión equivocada. La postura de una de ellas, con la mano levantada en señal de reprensión, acentúa su indignación.
En contraste, a la derecha, un hombre mayor, posiblemente un consejero o tutor, observa la situación con una mezcla de resignación y desaprobación. Su rostro, iluminado por el fuego que arde en la chimenea, revela una profunda tristeza y quizás una cierta impotencia ante el desenlace inminente. El hombre está sentado frente a una mesa repleta de papeles, libros y objetos diversos, sugiriendo un intento fallido de impartir sabiduría o controlar los excesos del joven.
La disposición de los elementos en la habitación contribuye a la sensación general de caos. El suelo está cubierto de pergaminos, documentos y otros objetos dispersos, reflejando una vida desorganizada y posiblemente dilapidada. Un cofre abierto, rebosante de bienes materiales, sugiere un despilfarro irresponsable y una búsqueda insaciable de placeres efímeros. En la pared, se aprecian retratos que parecen observar con severidad el presente, quizás como recordatorios constantes de un pasado más virtuoso o de un futuro incierto.
La iluminación juega un papel crucial en la creación del ambiente. La luz cálida y tenue del fuego contrasta con las áreas más oscuras de la habitación, acentuando los rostros de los personajes y creando una atmósfera de misterio y melancolía. El joven, aunque iluminado, parece estar aislado, atrapado entre el reproche de las mujeres y la decepción del hombre mayor.
Subtextualmente, la pintura alude a temas como la moralidad, la decadencia social y las consecuencias de los excesos. El contraste entre la elegancia superficial del joven y su evidente falta de juicio sugiere una crítica a la frivolidad y la corrupción de la sociedad. La presencia de las mujeres mayores y el hombre mayor simboliza la autoridad paterna y la tradición, que parecen estar perdiendo su influencia sobre la juventud. En definitiva, se presenta un retrato sombrío de un individuo en declive, atrapado en una espiral de autodestrucción y condenado a sufrir las consecuencias de sus propias acciones. La escena evoca una sensación de inevitabilidad, como si el destino del joven ya estuviera sellado.