William Hogarth – Marriage A-la-Mode 5: The Bagnio
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En primer plano, una mujer joven, vestida con un camisón blanco, se encuentra sentada sobre el suelo, aparentemente afligida o abrumada por los acontecimientos que transcurren a su alrededor. Su postura es encorvada, la mirada baja, sugiriendo vulnerabilidad y posible desesperación. Sus pies descalzos contrastan con la opulencia del entorno, enfatizando su estado de fragilidad.
A su derecha, un hombre, ataviado con una levita y chaleco, se inclina hacia ella con una expresión que mezcla reproche y quizás, sorpresa o incluso vergüenza. Su bastón, apoyado en el suelo, parece indicar una actitud impetuosa, como si estuviera a punto de hablarle con severidad.
En la parte izquierda del cuadro, un segundo hombre, parcialmente oculto tras una pantalla o biombo, observa la escena con una expresión indescifrable. Su posición sugiere que es un testigo silencioso, quizás cómplice, de lo que está sucediendo. La presencia de este personaje añade una capa de misterio y ambigüedad a la narrativa visual.
El fondo del cuadro está ocupado por elementos decorativos como un espejo ovalado con un retrato al óleo, que refleja una figura femenina idealizada, en marcado contraste con la realidad descuidada y perturbadora que se presenta en primer plano. También se distinguen objetos dispersos sobre el suelo: ropa, cachimbas, posiblemente tabaco, lo cual refuerza la idea de un espacio dedicado al placer y a la relajación, ahora corrompido por una situación conflictiva.
La composición general sugiere una crítica implícita a la moralidad de la época, exponiendo los vicios ocultos tras las apariencias de respetabilidad. El contraste entre la elegancia formal del vestuario y el desorden físico del entorno apunta a una decadencia interna, un declive en los valores que subyacen a la fachada social. La escena parece narrar un momento de crisis, posiblemente el descubrimiento de una infidelidad o una revelación comprometedora, que amenaza con destruir las bases de una relación o un estatus social. El uso del claroscuro intensifica la sensación de secreto y desasosiego, invitando a la reflexión sobre los peligros de la indulgencia y la fragilidad de la reputación.