Mariotto Albertinelli – Cain kills Abel
Ubicación: Academy Carrara (Accademia Carrara), Bergamo.
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En primer plano, dos figuras masculinas son el foco principal. Uno de ellos, vestido con ropas que sugieren una posición social elevada –un manto anaranjado sobre una túnica púrpura– se abalanza sobre otro, quien yace en el suelo con expresión de sorpresa y dolor, cubierto por una vestimenta azul celeste. El individuo atacante sostiene un objeto contundente, presumiblemente la herramienta del crimen. La disposición de los cuerpos transmite una sensación inmediata de brutalidad e injusticia.
El paisaje se extiende hacia atrás, revelando otras figuras humanas en segundo plano. Una mujer observa con gesto de consternación, mientras que otro hombre parece guiar animales de carga, posiblemente indicando las consecuencias económicas y sociales del acto violento. La presencia de un grupo adicional a la derecha sugiere una comunidad impactada por el suceso.
En la parte superior central, una figura femenina alada se eleva hacia el cielo, con los brazos extendidos en un gesto que podría interpretarse como compasión o intervención divina. Su posición elevada y su vestimenta azul contrastan con la oscuridad de la escena terrestre, sugiriendo una esperanza trascendente o una crítica a la fragilidad humana.
La paleta cromática es rica y terrosa, dominada por tonos ocres, marrones y verdes que refuerzan la atmósfera sombría y desoladora del lugar. El uso de la luz es contrastante: ilumina intensamente las figuras principales, acentuando su dramatismo, mientras que el resto de la escena permanece en una penumbra más suave.
Subyacentemente, la obra plantea interrogantes sobre la naturaleza humana, los orígenes del mal y la fragilidad de la paz. La representación de la violencia fratricida se convierte así en un símbolo universal de la pérdida de la inocencia y el inicio de una era marcada por la culpa y el sufrimiento. El paisaje agreste y las ruinas sugieren la decadencia moral y espiritual que acompaña a este primer acto de venganza, mientras que la figura alada en el cielo ofrece una tenue promesa de redención o consuelo.