Walter Gramatte – Rosa Schapire
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En este óleo sobre lienzo se presenta el retrato de una mujer madura sentada en un sillón. La figura domina la composición, ocupando casi todo el espacio pictórico. El autor ha empleado una paleta cromática intensa, con predominio del azul en diversas tonalidades que conforman tanto el fondo como las sombras del rostro y la vestimenta.
La mujer viste un traje blanco de corte sencillo, interrumpido por una cadena oscura alrededor del cuello y un pequeño detalle rojo, posiblemente una flor o broche, en el ojal superior. Su postura es introspectiva; apoya el mentón sobre la mano derecha, con los dedos ligeramente flexionados, sugiriendo un estado de reflexión profunda o melancolía. La mirada, directa al espectador, transmite una mezcla de serenidad y cierta inquietud.
El tratamiento del rostro resulta particularmente notable. Las facciones se definen mediante trazos angulosos y marcados, con especial énfasis en los pómulos altos y las arrugas que evidencian el paso del tiempo. El cabello, recogido hacia atrás, es de un color plateado que contrasta con la piel más oscura. La nariz prominente y los labios finos acentúan una expresión de sobriedad y fortaleza.
El fondo, aunque abstracto, sugiere un espacio exterior, posiblemente un jardín o terraza, a juzgar por las formas vegetales estilizadas en la parte inferior derecha y el tenue resplandor rosado que se vislumbra en la zona superior. La luz incide sobre el rostro y el cuerpo de la mujer, creando contrastes dramáticos y resaltando su presencia.
La pincelada es visible y expresiva, con una textura rica y empastada que añade dinamismo a la obra. El autor no busca un retrato realista, sino más bien una interpretación subjetiva del personaje, enfatizando sus rasgos característicos y su estado emocional.
Subtextos potenciales podrían apuntar a una reflexión sobre el envejecimiento, la soledad o la introspección femenina. La intensidad de los colores y la expresividad del rostro sugieren una personalidad compleja y profunda, marcada por las experiencias vitales. El sillón, como elemento simbólico, podría representar un espacio de recogimiento y contemplación, mientras que la cadena alrededor del cuello evoca la idea de un vínculo o recuerdo significativo. En general, la pintura transmite una sensación de dignidad y fortaleza interior a pesar de la evidente vulnerabilidad implícita en el retrato de una mujer madura.