Tate Britain – John Martin - The Last Judgement
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En la parte superior, el cielo se abre en una explosión de luz cegadora, donde figuras aladas, presumiblemente angelicales, descienden con majestuosa solemnidad. Su presencia irradia una sensación de poder divino y juicio inminente. La disposición de estas entidades sugiere un orden jerárquico, aunque la distancia y el resplandor dificultan discernir detalles individuales.
Por debajo, se extiende un paisaje devastado, marcado por la destrucción y el caos. Una extensión carmesí, que podría interpretarse como una representación del infierno o un mar de fuego, domina la parte inferior de la composición. Sobre este fondo infernal, se amontonan figuras humanas en actitudes de desesperación, súplica o terror. Se perciben escenas de sufrimiento y desolación, con cuerpos inertes esparcidos por el terreno.
A la izquierda, un grupo de personas parece observar la catástrofe desde una posición elevada, quizás representando a los elegidos o aquellos que han escapado del juicio final. Su expresión es ambigua; se vislumbra tanto temor como resignación. A la derecha, en primer plano, una figura vestida con ropajes oscuros y un gesto de reprobación parece presenciar el espectáculo, posiblemente personificando a un juez o un espectador divino.
La paleta cromática es dominada por tonos contrastantes: blancos brillantes y dorados se enfrentan a ocres terrosos, rojos intensos y negros profundos. Esta dicotomía refuerza la oposición entre la luz divina y las tinieblas del pecado. La iluminación dramática acentúa el dramatismo de la escena, creando una atmósfera opresiva y cargada de tensión.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas universales como el juicio divino, la redención, el castigo y la fragilidad de la existencia humana frente a fuerzas superiores. La representación del caos y la destrucción podría interpretarse como una advertencia sobre las consecuencias de la impiedad o un comentario sobre la naturaleza transitoria de la gloria terrenal. La presencia de figuras observadoras sugiere una reflexión sobre la responsabilidad moral y el papel del individuo en el destino final de la humanidad. El uso de elementos arquitectónicos ruinosos, como columnas rotas, podría simbolizar la decadencia de las instituciones humanas y la inevitabilidad del cambio.