Tate Britain – Willem Wissing - Portrait of Henrietta and Mary Hyde
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La iluminación es suave y difusa, concentrándose principalmente sobre los rostros y las vestimentas, lo que acentúa la textura de los tejidos y resalta la tez pálida de las jóvenes. El fondo, oscuro y parcialmente oculto por una densa vegetación, permite que las figuras principales destaquen con mayor claridad. Se intuyen elementos arquitectónicos en la lejanía, posiblemente parte de un palacio o mansión, lo cual refuerza la idea de pertenencia a una clase privilegiada.
Entre las dos jóvenes, posado sobre el regazo de la situada a la izquierda, se encuentra una paloma blanca. Este elemento simbólico podría aludir a la pureza, la paz y la inocencia, atributos que tradicionalmente se asocian con la juventud femenina. La presencia del ave también puede interpretarse como un símbolo de esperanza o de un futuro prometedor para las retratadas.
La expresión en los rostros de las jóvenes es serena y ligeramente melancólica. No hay una sonrisa abierta, sino más bien una mirada contenida que sugiere una cierta introspección. Esta sutilidad emocional contribuye a la atmósfera general del retrato, transmitiendo una sensación de elegancia y refinamiento.
En cuanto a los subtextos, se puede inferir que el autor buscaba no solo representar la apariencia física de las jóvenes, sino también transmitir un mensaje sobre su posición social y sus virtudes personales. El cuidado en la representación de los detalles, desde la calidad de los tejidos hasta la delicadeza de la paloma, denota una intención de exaltar la nobleza y el buen gusto de la familia a la que pertenecen. La composición, con las jóvenes sentadas en un entorno natural pero controlado, sugiere una armonía entre la naturaleza y la civilización, un ideal propio del siglo XVII. El retrato, por tanto, se erige como un documento visual que refleja los valores y las aspiraciones de una época marcada por el esplendor cortesano y la búsqueda de la perfección estética.