Lawrence Alma-Tadema – The parting kiss
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El hombre, vestido con una túnica igualmente elaborada, muestra una mezcla de afecto y angustia en su semblante. Sus manos rodean la cabeza de la joven, como buscando retenerla en ese instante efímero. La luz incide sobre sus rostros, resaltando la intensidad de sus emociones y creando un contraste dramático con las zonas más oscuras del entorno.
El espacio arquitectónico que los rodea es igualmente significativo. Se intuye una estructura porticada, con columnas y arcos que se pierden en la distancia. A través de estos elementos arquitectónicos, el autor abre una ventana a un escenario exterior bullicioso: una calle animada con carros tirados por caballos, transeúntes y vendedores ambulantes. Esta escena pública contrasta fuertemente con la intimidad del momento que se está desarrollando en primer plano, acentuando la sensación de urgencia y secreto que lo impregna.
La presencia de otros personajes en el fondo –una mujer observando desde una posición elevada, un hombre sosteniendo un parasol– sugiere una audiencia o testigos silenciosos de esta despedida. Estos detalles contribuyen a crear una atmósfera de misterio y anticipación, dejando al espectador con la inquietud de saber qué sucederá después.
La paleta cromática es rica y cálida, dominada por tonos dorados, rojos y azules que evocan un ambiente exótico y sensual. La pincelada es suelta y expresiva, contribuyendo a la sensación de movimiento y dinamismo en la composición. El uso de la luz y la sombra crea una atmósfera dramática que intensifica el impacto emocional de la escena.
En términos subtextuales, la pintura parece explorar temas universales como el amor, la pérdida, la separación y el destino. El beso puede interpretarse como un símbolo de despedida definitiva, quizás debido a circunstancias sociales o políticas que obligan a los amantes a separarse. La riqueza del entorno sugiere una clase social privilegiada, lo que podría implicar que su separación está dictada por fuerzas externas más allá de su control individual. La escena evoca una sensación de fatalidad y melancolía, dejando al espectador con la reflexión sobre la fragilidad de los momentos felices y la inevitabilidad del cambio.