Pietro Perugino – The Ascension of Christ, 1495-98
Ubicación: Fine Art Museum (Musée des Beaux Arts), Lyon.
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En la parte superior, el espacio se abre hacia un cielo azul intenso, poblado de una multitud de ángeles y figuras celestiales. La luz emana directamente de la figura central, Cristo ascendente, iluminando tanto su cuerpo como a los seres alados que lo acompañan. Se aprecia una marcada diferencia en la representación: mientras las figuras humanas se muestran con un realismo detallado, aunque idealizado, los ángeles exhiben una mayor ligereza y etérea belleza. Algunos tocan instrumentos musicales, otros simplemente observan, creando una atmósfera de celebración divina.
La composición general sugiere una clara dicotomía entre el mundo terrenal y el reino celestial. La línea divisoria, marcada por un horizonte distante, no es abrupta; se diluye en la luz que irradia desde arriba, sugiriendo una conexión sutil pero poderosa entre ambos planos de existencia. Los dos grandes lazos o cintas que flotan sobre las figuras humanas podrían interpretarse como símbolos de la gracia divina que desciende hacia el mundo, o quizás como representaciones visuales del mensaje transmitido durante la ascensión.
La paleta cromática es rica y vibrante, con un uso expresivo del color para transmitir emociones y significados simbólicos. El rojo en las túnicas de algunos apóstoles podría aludir a su martirio o sacrificio, mientras que el azul del cielo evoca la divinidad y la eternidad. La luz juega un papel fundamental, no solo como elemento compositivo sino también como vehículo para expresar la trascendencia espiritual del evento representado. La técnica pictórica denota una búsqueda de realismo en las figuras humanas, pero sin renunciar a la idealización propia del arte religioso de la época. Se intuye una intención de conmover al espectador y transportarlo a un plano de fe y devoción.