Omar Rayyan – King Midas
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En esta composición se observa a dos figuras centrales dispuestas en un espacio bidimensional que parece carecer de profundidad real. La figura superior, presumiblemente una divinidad o ser trascendente, destaca por su aureola dorada y una corona vegetal exuberante. Su cabello es largo y ondulado, con tonos rojizos intensos, y su vestimenta presenta patrones ornamentados en azul y dorado, sugiriendo riqueza y poder espiritual. La mirada de esta figura se dirige hacia abajo, mostrando una expresión que podría interpretarse como compasión o advertencia.
La figura inferior, un hombre de rostro demacrado y barba larga y descuidada, sostiene un objeto reflectante – posiblemente un cuenco o copa – en sus manos. Su piel es grisácea y su expresión facial denota desesperación y angustia. La luz incide sobre él de manera que acentúa las arrugas y la fragilidad de su rostro.
El fondo se compone de formas geométricas abstractas, principalmente cuadrados rojos con detalles más oscuros, que crean una atmósfera opresiva y claustrofóbica. Estos elementos no parecen representar un entorno natural o arquitectónico específico, sino más bien simbolizar un estado mental o emocional.
La interacción entre las dos figuras es crucial. La divinidad parece ofrecer algo al hombre, mientras que este último se aferra a su objeto con una intensidad casi obsesiva. Esta dinámica sugiere una transacción o pacto en curso, posiblemente relacionado con la ambición y sus consecuencias. El brillo del objeto que sostiene el hombre podría simbolizar un deseo material desmedido, mientras que la aureola dorada de la figura superior representa algo más valioso e inalcanzable.
La paleta cromática, dominada por tonos rojos, dorados y azules, contribuye a crear una sensación de tensión dramática. El rojo evoca pasión, peligro y sufrimiento, el dorado simboliza riqueza y divinidad, y el azul puede representar tristeza o espiritualidad. La ausencia de un paisaje definido y la simplificación de las formas sugieren que la pintura no busca representar una escena realista, sino más bien explorar temas universales como la codicia, la pérdida y la búsqueda de la felicidad. Se intuye una reflexión sobre los peligros de la obsesión por lo material y la importancia de valorar aquello que realmente importa.