Paul Klee – Flower myth, 1918, Collection Dr. Bernhard Sprengel, Ha
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En la parte superior central, se distingue un disco circular con una abertura oscura, posiblemente aludiendo a una luna o a un ojo que observa. A su lado, una silueta alada, estilizada y casi esquemática, podría representar un espíritu o una entidad trascendental. Más abajo, una media luna se curva en el espacio, añadiendo una nota de misterio y ambigüedad.
La parte inferior del cuadro está marcada por una franja horizontal de tonos azulados que simula un horizonte. De este emergen grupos de formas verticales, semejantes a árboles o plantas estilizadas, que se extienden hacia arriba, buscando el espacio superior. En primer plano, destaca una flor central, representada con líneas angulares y colores oscuros, cuyo diseño recuerda tanto a la forma femenina como a un símbolo de fertilidad o renacimiento. Alrededor de esta flor, pequeñas hojas y brotes se distribuyen de manera irregular, contribuyendo a la sensación de vitalidad latente bajo el dominio del rojo.
La técnica empleada parece ser una combinación de pinceladas expresivas y áreas de color plano, con un tratamiento desigual de la superficie que acentúa la textura y la intensidad cromática. El uso limitado de detalles realistas favorece la interpretación simbólica de los elementos representados.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre la naturaleza cíclica de la vida, la muerte y el renacimiento. El rojo intenso puede simbolizar tanto la pasión y la vitalidad como el dolor y la pérdida. La presencia de la luna y las figuras aladas sugiere una conexión con lo espiritual y lo trascendental. La flor central, a su vez, podría representar la esperanza y la promesa de un nuevo comienzo tras un período de oscuridad o sufrimiento. En definitiva, se trata de una pintura que invita a la contemplación y a la interpretación personal, dejando espacio para múltiples lecturas sobre temas universales como el amor, la pérdida y la búsqueda del sentido.