Part 6 Prado Museum – Lanchares, Antonio de -- La Adoración de los pastores
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Un grupo heterogéneo de figuras humanas rodea al infante. Se distinguen dos ancianos con barbas pobladas, vestidos con ropas sencillas y toscas, que parecen inclinarse reverentemente ante el niño. Una mujer, presumiblemente su madre, se encuentra en una posición central, con la mirada baja y un gesto de serena contemplación. A su lado, otro hombre, vestido con túnicas más elaboradas, parece ofrecerle algo o protegerla. La disposición de las figuras no es casual; el artista ha buscado crear una sensación de movimiento y dinamismo, con gestos que sugieren sorpresa, devoción y respeto.
En la parte superior del lienzo, un grupo de ángeles se abre paso entre nubes oscuras, portando un estandarte con una inscripción latina visible. La presencia angelical introduce una dimensión celestial a la escena terrenal, enfatizando la importancia divina del evento que se celebra. La luz que emana de los ángeles contrasta fuertemente con la oscuridad del fondo, creando un efecto dramático y reforzando el carácter sagrado de la adoración.
El uso de la luz es fundamental en esta pintura. La iluminación no es uniforme; se concentra sobre las figuras principales, dejando el resto sumido en sombras profundas. Esta técnica contribuye a crear una atmósfera de misterio y solemnidad, además de dirigir la atención del espectador hacia los personajes más relevantes. La paleta de colores es relativamente limitada, dominada por tonos terrosos y oscuros, con toques de rojo y dorado que resaltan ciertos detalles como las vestimentas y el estandarte angelical.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de humildad, fe y la conexión entre lo divino y lo humano. La sencillez de los pastores contrasta con la magnificencia celestial de los ángeles, sugiriendo que la salvación puede encontrarse en los lugares más inesperados y para las personas más humildes. La expresión serena de la mujer y la reverencia mostrada por los ancianos transmiten un mensaje de esperanza y redención. La oscuridad circundante podría interpretarse como una representación del pecado o el sufrimiento, que se disipan con la llegada de la luz divina. En definitiva, la pintura invita a la reflexión sobre la naturaleza de la fe y la importancia de la humildad ante lo sagrado.