Part 6 Prado Museum – Hiepes, Tomás -- Frutero de Delft y dos floreros
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En el centro, una generosa cesta rebosa de fruta: principalmente manzanas, de tonalidades que varían desde el rojo intenso hasta el amarillo pálido, evidenciando diferentes grados de madurez. La abundancia de la fruta sugiere prosperidad y fertilidad, temas recurrentes en este tipo de representaciones. La disposición no es aleatoria; se observa una intención de equilibrar las masas y crear un ritmo visual a través de la repetición de formas redondeadas.
A ambos lados de la cesta, dos jarrones de color ladrillo albergan arreglos florales silvestres. La delicadeza de las flores contrasta con la robustez de la fruta y los jarrones, generando una tensión dinámica en la composición. Los jarrones, decorados con motivos ornamentales, sugieren un origen exótico o refinado, posiblemente holandés por el estilo de la cerámica que contienen.
En primer plano, sobre la mesa, se aprecia una rama de laurel y unos pocos olivos. El laurel, tradicionalmente asociado a la victoria y el honor, introduce una capa de simbolismo más compleja. Los olivos, con sus frutos aún verdes, podrían aludir a la paz o a un futuro prometedor.
La cesta misma es digna de mención: su superficie decorada con una escena pintoresca –un paisaje con edificios y árboles– añade una dimensión narrativa a la obra. Esta inclusión de un cuadro dentro del cuadro invita a la reflexión sobre la representación, la ilusión y el artificio. La cerámica, con su diseño detallado, también subraya la importancia del objeto como símbolo de riqueza y sofisticación.
En general, la pintura transmite una sensación de opulencia controlada y contemplativa. Más allá de la mera descripción de objetos inanimados, se intuye una reflexión sobre el paso del tiempo, la fugacidad de la belleza y la transitoriedad de la vida. La meticulosa atención al detalle y la maestría en la representación de las texturas sugieren un artista con profundo conocimiento técnico y una sensibilidad estética refinada.