Matias Quetglas – #19011
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El fondo, constituido por la superficie de la bandeja, presenta una paleta de colores cálidos: amarillos ocres, marrones y toques de verde azulado que sugieren oxidación o desgaste del metal. Esta textura irregular y los reflejos luminosos aportan un carácter rústico y casi industrial a la escena.
La iluminación es frontal y directa, acentuando el volumen de la berenjena y creando sombras sutiles que definen su forma. Se aprecia una meticulosidad en la representación de los detalles: las imperfecciones de la piel del fruto, la veta del tallo, las pequeñas manchas sobre la bandeja.
En la parte inferior de la composición se distingue una inscripción manuscrita, aparentemente indicando el lugar y año de creación de la obra (a Cuitadella lany 1975). Esta información contextualiza la pintura en un momento específico y sugiere una posible conexión personal del artista con ese lugar.
Más allá de la simple representación de un objeto cotidiano, esta imagen parece explorar temas relacionados con la transitoriedad, el paso del tiempo y la belleza encontrada en lo ordinario. La berenjena, como símbolo de abundancia y fertilidad, contrasta con la superficie desgastada de la bandeja, evocando una reflexión sobre la decadencia y la impermanencia. El uso de un objeto humilde como soporte para la representación artística eleva su significado, invitando a una contemplación más profunda de los detalles que conforman nuestra realidad. La composición, en su sencillez, transmite una sensación de quietud y melancolía, invitando al espectador a detenerse y apreciar la belleza efímera del instante.