James Edward Hervey Macdonald – forest wilderness 1921
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Tras este primer plano, se despliega un bosque denso, caracterizado por una paleta de colores cálidos: ocres, rojos intensos y amarillos terrosos. La vegetación no se representa con detalle individualizado; más bien, se presenta como una masa compacta que transmite la sensación de inmensidad y lo salvaje. La técnica utilizada para representar los árboles es notablemente esquemática, casi abstracta, contribuyendo a un efecto general de monumentalidad.
En el fondo, las montañas se elevan con contornos vagos y difuminados. El color verde predomina en esta zona, aunque también se mezclan tonos grises y marrones que sugieren la distancia y la atmósfera brumosa. La ausencia de detalles precisos en las montañas refuerza la impresión de una naturaleza indómita e inexplorada.
La luz parece provenir de un punto alto, iluminando el primer plano rocoso y creando sombras marcadas que acentúan su relieve. Esta iluminación contribuye a generar una atmósfera melancólica y contemplativa.
Subtextualmente, la obra evoca una sensación de soledad y aislamiento frente a la inmensidad de la naturaleza. La ausencia de figuras humanas refuerza esta impresión, sugiriendo una reflexión sobre la relación entre el individuo y el entorno natural. La paleta cromática intensa y las pinceladas vigorosas transmiten un sentimiento de fuerza y vitalidad, pero también de cierta inquietud o melancolía inherente a la contemplación del paisaje agreste. La composición, con su énfasis en la horizontalidad y la repetición de formas, podría interpretarse como una representación de la persistencia y la resistencia ante el paso del tiempo.