Kunsthistorisches Museum – Frans Francken II -- Witches Assembly
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En primer plano, varias figuras femeninas destacan por su vestimenta y actitud. Una mujer, ataviada con un vestido azul llamativo, parece dirigir la atención hacia el espectador, mientras que otra, cubierta con un gorro blanco, se inclina sobre libros y recipientes de aspecto alquímico. La multitud que las rodea es variopinta: algunos participan activamente en los rituales, otros observan con curiosidad o temor, y otros parecen ser víctimas o prisioneros de la situación.
El fondo está dominado por una representación grotesca del inframundo. Se divisan figuras demoníacas, animales fantásticos y escenas de tortura que sugieren un castigo eterno para aquellos involucrados en estas prácticas. Un hombre musculoso, con apariencia bestial, se eleva sobre el grupo principal, posiblemente representando una figura infernal o un guardián del lugar. El fuego, presente en varias zonas del fondo, intensifica la sensación de peligro y condenación.
La iconografía es rica en simbolismo. Se identifican elementos como calderos, libros antiguos, cráneos, velas y objetos rituales que aluden a la brujería, la alquimia y el ocultismo. La presencia de instrumentos musicales, como un órgano o una viola, introduce una nota discordante, sugiriendo quizás una forma de entretenimiento macabro o una burla a las convenciones sociales.
Más allá de la representación literal de un aquelarre, la obra parece ofrecer una reflexión sobre los miedos y supersticiones de la época. La proliferación de figuras caricaturescas y grotescas podría interpretarse como una crítica satírica a aquellos que eran acusados de brujería o como una advertencia contra las tentaciones del mal. La complejidad de la composición, con sus múltiples niveles de lectura y su ambigüedad moral, invita al espectador a cuestionar los límites entre la realidad y la fantasía, el bien y el mal. La escena, en su conjunto, transmite un sentimiento de opresión, temor y una profunda desconfianza hacia lo desconocido.