Kunsthistorisches Museum – Laurent de La Hyre (1606-1656) -- Assumption of the Virgin
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En la parte baja, un grupo numeroso de hombres, presumiblemente apóstoles o seguidores, se agolpa alrededor de lo que parece ser un sarcófago o estructura arquitectónica de piedra. Sus expresiones varían desde el asombro hasta la devoción, algunos inclinan sus cabezas en señal de reverencia, otros parecen contemplar con atención lo que ocurre. La paleta de colores es rica y terrosa: verdes oscuros, marrones, ocres y un rojo intenso que destaca sobre la túnica de una figura arrodillada en primer plano. Esta figura, con su gesto de súplica o recogimiento, actúa como punto focal dentro del grupo.
La luz, proveniente de arriba, ilumina selectivamente a los personajes inferiores, creando fuertes contrastes y acentuando sus rostros y gestos. Esta iluminación dirigida contribuye a la sensación de dramatismo y solemnidad.
En la parte superior, la figura femenina asciende envuelta en una nube luminosa, rodeada por un cortejo de ángeles infantiles que parecen impulsarla hacia arriba con alegría. Su rostro irradia serenidad y beatitud; sus brazos extendidos sugieren una ofrenda o una bienvenida a lo divino. La vestimenta azul, contrastante con la luz dorada que la envuelve, acentúa su figura y la distingue del resto de los personajes. La atmósfera celeste se presenta como un espacio de pureza y trascendencia, donde la luz es casi palpable.
El uso de la perspectiva vertical enfatiza la distancia entre el plano terrenal y el celestial, subrayando la naturaleza sobrenatural del evento representado. La composición general transmite una sensación de movimiento ascendente, invitando al espectador a compartir en la experiencia mística de la ascensión.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la fe, la redención y la promesa de vida eterna. El sarcófago podría simbolizar tanto el fin terrenal como el inicio de una nueva existencia. La multitud de seguidores representa la comunidad creyente, testigo del milagro y buscando inspiración en él. La figura femenina, por su parte, encarna la pureza, la gracia divina y la conexión entre lo humano y lo celestial. El conjunto evoca un sentimiento de esperanza y consuelo ante la inevitabilidad de la muerte.