Kunsthistorisches Museum – Roelandt Savery (1576-1639) -- Orpheus in the Underworld
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El espacio se articula mediante formaciones rocosas irregulares, algunas elevándose como imponentes monolitos, otras formando nichos oscuros que albergan actividad. En el primer plano, una multitud de personajes parece participar en algún tipo de ritual o festín grotesco. Se distinguen figuras con instrumentos musicales, otros danzando y algunos aparentemente observando la escena con expresión atónita o burlona. La representación es detallada; se aprecia la minuciosidad en los ropajes, las expresiones faciales y la anatomía de las figuras, aunque esta última a menudo distorsionada para acentuar su carácter monstruoso o satírico.
En el centro del cuadro, una figura central, presumiblemente un músico con una lira, parece ser el foco de atención, aunque no necesariamente el protagonista principal. Alrededor de él, la multitud se agita en un torbellino de movimiento y sonido. La iluminación es desigual; algunos personajes están bañados por una luz rojiza que resalta sus rasgos, mientras que otros permanecen sumidos en las sombras, creando una atmósfera de misterio e inquietud.
La presencia de criaturas híbridas –partes humanas, partes animales– intensifica la sensación de irrealidad y desasosiego. Estas figuras parecen ser espíritus o demonios, contribuyendo a un ambiente infernal. La disposición de los elementos sugiere una jerarquía visual; las formaciones rocosas más altas dirigen la mirada hacia el centro de la composición, donde se concentra la actividad principal.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de decadencia moral, la transgresión de límites y la fascinación por lo prohibido. La música, tradicionalmente asociada con la armonía y la belleza, aquí se presenta en un contexto corrompido y grotesco, sugiriendo una inversión de valores. La multitud, con sus expresiones ambiguas, podría representar tanto la complacencia como la participación activa en la depravación. El paisaje cavernoso, con su atmósfera opresiva y su fuego latente, simboliza el infierno o un estado de perdición espiritual. La escena evoca una sensación de caos primordial, donde las normas sociales se disuelven y los instintos más básicos prevalecen. La meticulosidad del detalle contrasta con la naturaleza perturbadora de la temática, generando una tensión visual que invita a la reflexión sobre la condición humana y sus debilidades.