часть 2 - Russian and soviet artists Русские и советские художники – Портрет императрицы Екатерины II 1794 Холст масло 48х38 см
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La retratada ocupa el centro del plano, representada de medio cuerpo y ligeramente girada hacia la izquierda, aunque su mirada es directa e ineludible. Su rostro exhibe una expresión serena, casi melancólica, con unos ojos que sugieren inteligencia y cierta introspección. La piel, tratada con gran delicadeza, revela un sutil juego de luces y sombras que modelan sus facciones.
El cabello, peinado en la moda de la época, se eleva en una elaborada estructura blanca, adornada con joyas que brillan discretamente. La vestimenta es rica y lujosa: un vestido de seda color crema, drapeado con maestría para resaltar su figura, se ciñe a la cintura mediante un cinturón dorado. Sobre el vestido, se observan múltiples insignias y medallas, símbolos inequívocos de poder y autoridad. La profusión de estos adornos no solo denota riqueza material, sino también una ostentación deliberada del estatus social.
La paleta cromática es dominada por tonos cálidos: dorados, cremas y ocres que contribuyen a crear una atmósfera de opulencia y solemnidad. El fondo, difuminado y oscuro, permite que la figura resalte con mayor intensidad. La técnica pictórica es precisa y detallista, evidenciando el dominio del artista en el manejo del óleo.
Más allá de la representación literal, esta pintura transmite un mensaje sobre el poder femenino y la autoridad real. La postura erguida, la mirada firme y los símbolos de rango sugieren una mujer segura de sí misma, consciente de su posición privilegiada. No obstante, la expresión ligeramente melancólica en sus ojos podría interpretarse como una reflexión sobre las responsabilidades inherentes al poder o quizás un indicio de una complejidad emocional oculta tras la máscara de la realeza. El retrato, por tanto, no es simplemente una representación física, sino una declaración visual del poder y la dignidad.