Flemish – MASTER OF F. THE NATIVITY, MUSeE DES BEAUX-ARTS, DIJON
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El foco central lo ocupa una figura femenina vestida de blanco, con una larga cabellera que le cae sobre los hombros, inclinada en gesto de reverencia hacia un niño pequeño a sus pies. A su lado, un hombre de edad avanzada, ataviado con ropajes carmesí y con una barba prominente, parece contemplar la escena con expresión solemne. Una mujer, cubierta por un velo blanco y vestida con azul oscuro, se encuentra junto al hombre, sosteniendo en sus brazos a un infante.
En el primer plano, dos figuras masculinas tocan instrumentos musicales: uno una trompeta o instrumento de viento similar, el otro una flauta o instrumento de lengüeta. Su presencia sugiere una atmósfera festiva y celebratoria, aunque la gravedad del momento parece atenuar cualquier alegría exuberante.
En lo alto, sobre la estructura, se observan dos ángeles, uno en vuelo y otro posado sobre un saliente. Ambos sostienen largos rollos de pergamino o cintas que ondean al viento, añadiendo una dimensión celestial a la escena. El paisaje de fondo muestra una ciudad amurallada bajo un cielo nublado, lo cual contrasta con la sencillez del establo y sugiere una conexión entre el mundo divino y el terreno.
La paleta de colores es rica en tonos cálidos: rojos, dorados y marrones dominan la composición, aunque se equilibran con los azules y blancos que visten a las figuras principales. La luz parece provenir de múltiples fuentes, creando un juego de sombras que acentúa la profundidad del espacio y el dramatismo de la escena.
Subtextualmente, la pintura plantea interrogantes sobre la humildad, la divinidad y la conexión entre lo terrenal y lo celestial. La disposición de las figuras sugiere una jerarquía: la mujer vestida de blanco parece ser la figura central, mientras que el hombre mayor representa la autoridad o sabiduría. La música, aunque festiva, no disipa la atmósfera de recogimiento y contemplación. El paisaje urbano distante podría simbolizar tanto la promesa de un futuro mejor como la distancia entre la vida cotidiana y lo sagrado. La presencia del niño, pequeño e indefenso, evoca temas de vulnerabilidad, esperanza y redención.