Samuel Dircksz Van Hoogstraten – Virgin and Child with Saint Anne (Anna Selbdritt)
Ubicación: Rijksmuseum Twenthe, Enschede.
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A su izquierda, una mujer mayor, presumiblemente la abuela, se inclina hacia el niño con un gesto tierno, casi reverencial. Sus manos, arrugadas por el tiempo, parecen acariciarle delicadamente el rostro. La anciana irradia una sensación de sabiduría y experiencia acumulada a lo largo de los años; su mirada es profunda y contemplativa. El velo que cubre su cabello acentúa la impresión de veneración y respeto.
La tercera mujer, ubicada en un segundo plano detrás de las otras dos, se presenta como una figura espectral, casi translúcida, difuminada por la penumbra. Su presencia sugiere una conexión ancestral, un vínculo generacional que trasciende lo visible.
El niño, el foco central de la composición, es representado con gran realismo y detalle. Sus rasgos infantiles son expresivos; sus ojos parecen buscar la mirada de las mujeres que le rodean. La luz incide sobre su rostro, resaltando la pureza e inocencia que emana de él.
El espacio arquitectónico es limitado, confinado a una estancia con paredes oscuras y un tapiz verde que sirve como telón de fondo. Esta restricción espacial intensifica la sensación de intimidad y recogimiento. La ventana, aunque pequeña, introduce un elemento de esperanza y conexión con el mundo exterior.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar temas universales como la maternidad, la abuela, la transmisión generacional, la fe y la contemplación del tiempo. La relación entre las tres mujeres sugiere una cadena de amor incondicional y sabiduría transmitida a través de generaciones. La melancolía presente en el rostro de la joven podría interpretarse como una reflexión sobre la fugacidad de la vida y la responsabilidad inherente a la maternidad. El gesto de la anciana, cargado de ternura, evoca un sentimiento de protección y legado. En definitiva, se trata de una obra que invita a la introspección y a la contemplación de los vínculos humanos más profundos.