Pere Daura – Natura morta 1924 30
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Las frutas –peras y lo que parecen melocotones– se disponen de manera aparentemente casual, pero con una clara intencionalidad compositiva. No se busca una representación mimética de la realidad; más bien, el artista parece interesado en explorar las formas geométricas inherentes a los objetos. Las curvas generosas de las peras contrastan con las superficies más planas y redondeadas de los melocotones, creando un juego visual que invita a la contemplación.
La jarra, ubicada centralmente, actúa como punto focal. Su forma cilíndrica, aunque simplificada, aporta una nota vertical al conjunto, equilibrando el peso horizontal de las frutas. El color azul, más intenso que los tonos predominantes en el resto de la obra, resalta la jarra y le confiere un carácter distintivo.
La superficie sobre la que se apoyan los objetos no es meramente un soporte; participa activamente en la composición. Su textura rugosa y su coloración cálida sugieren una solidez material, anclando la escena a un espacio tangible. Se percibe una cierta austeridad en el tratamiento de la pincelada, con trazos visibles que denotan un proceso creativo deliberado y no espontáneo.
En cuanto a los subtextos, se puede inferir una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la transitoriedad de la belleza. La naturaleza muerta, por definición, es una representación de objetos inanimados, susceptibles al deterioro. La elección de frutas maduras sugiere una conciencia de su ciclo vital, desde la plenitud hasta el declive. Asimismo, la simplificación formal de los objetos podría interpretarse como un intento de trascender la apariencia superficial y acceder a una esencia más profunda, universal. La obra evoca una atmósfera de quietud contemplativa, invitando al espectador a detenerse y apreciar la belleza efímera del mundo que le rodea.