Pere Daura – Reflexos Al Port 1908
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La parte superior de la pintura está dominada por una masa oscura, presumiblemente montañas o edificios portuarios, que se elevan sobre el horizonte. Delante de esta masa, se alzan unos postes verticales, probablemente muelles o estructuras de carga, que contribuyen a la sensación de profundidad y complejidad espacial.
La paleta cromática es rica en tonos cálidos – amarillos, naranjas, rojos – que contrastan con los azules y violetas presentes tanto en el agua como en las sombras. Esta yuxtaposición de colores genera una atmósfera tensa y dinámica, lejos de una representación realista del puerto. La luz no parece provenir de una fuente única; más bien, se trata de un juego de reflejos y sombras que intensifican la sensación de movimiento y vibración.
El autor parece estar menos interesado en representar fielmente el puerto que en capturar su esencia emocional: la quietud aparente del agua es interrumpida por los reflejos fragmentados y distorsionados, sugiriendo una realidad inestable y cambiante. La pincelada gruesa y visible acentúa esta sensación de inmediatez y subjetividad.
Subyace en la obra una reflexión sobre la percepción y la memoria. El agua, como espejo, no reproduce la realidad tal cual es, sino que la transforma, la interpreta a través de su propia naturaleza líquida e inconstante. Los reflejos se desdibujan, se fragmentan, sugiriendo la fugacidad del tiempo y la imposibilidad de capturar un momento preciso en el espacio. La escena evoca una atmósfera melancólica, pero también llena de vitalidad, como si el artista hubiera querido transmitir la complejidad inherente a los lugares habitados por el hombre y su relación con la naturaleza.