Pere Daura – Autorretrat 1920 21
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La paleta cromática es deliberadamente limitada: predominan los tonos terrosos, grises y azules apagados, que contribuyen a la atmósfera sombría y opresiva del retrato. La pincelada es suelta y expresiva, con trazos rápidos y gestuales que enfatizan la emotividad de la escena. Se aprecia una cierta crudeza en el tratamiento de la anatomía, lo que refuerza la impresión de autenticidad y sinceridad.
El fondo, igualmente tratado con pinceladas rápidas y colores neutros, se desvanece parcialmente, sugiriendo un estado mental turbulento o una sensación de aislamiento. Se distingue una forma curvilínea en el extremo superior derecho, que podría interpretarse como una luna menguante, símbolo tradicionalmente asociado a la melancolía, la pérdida o el cambio.
Más allá de la representación física del artista, esta pintura parece explorar temas más profundos relacionados con la identidad, la soledad y la condición humana. La postura encorvada y la mirada baja sugieren una introspección dolorosa, mientras que la ausencia de elementos decorativos o contextuales enfatiza la importancia de la figura central y su estado emocional. El autor ha plasmado no solo un semblante, sino también una experiencia interna compleja y perturbadora. Se intuye una lucha personal, una búsqueda de sentido en medio de la incertidumbre. La obra invita a la reflexión sobre el peso del pasado y las dificultades inherentes al proceso creativo.