Pere Daura – Colliure 1927
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El horizonte está definido por una construcción urbana, un conjunto de edificios que parecen albergar viviendas y una iglesia o campanario que sobresale sobre el resto. Esta estructura, representada con pinceladas más densas y colores más apagados, se sitúa a cierta distancia, creando una sensación de perspectiva y delimitando el espacio. La vegetación, en tonos verdosos oscuros, flanquea la construcción urbana, añadiendo un elemento natural al paisaje construido.
El tratamiento pictórico es expresionista; las pinceladas son visibles, vigorosas y no buscan imitar la realidad con precisión fotográfica. Más bien, se prioriza la transmisión de una impresión subjetiva del lugar: la luz, el ambiente, la atmósfera. La técnica parece apuntar a capturar la esencia del momento, más que su representación literal.
Subtextualmente, la pintura evoca un sentido de quietud y rutina. Los botes varados sugieren un descanso temporal, una pausa en la actividad pesquera. La presencia de la iglesia o campanario introduce una dimensión espiritual, aunque no explícita, al paisaje. La composición, con su predominio del agua y el cielo, puede interpretarse como una reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, o sobre la fragilidad de la existencia humana frente a la inmensidad del mar. La ausencia de figuras humanas acentúa esta sensación de soledad y contemplación. El uso de colores terrosos y azules transmite una melancolía sutil, un anhelo por la serenidad que se encuentra en la conexión con el entorno natural.