Peter De Wint – Mill at Teddington on the Thames
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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El río ocupa una porción considerable del plano, reflejando parcialmente el cielo y las construcciones circundantes. Esta superficie acuática no solo actúa como espejo visual, sino que también contribuye a la sensación de quietud y serenidad que impregna la escena. La pincelada suelta y rápida en el agua sugiere movimiento sutil, una corriente imperceptible que anima el paisaje.
A la izquierda del molino, se vislumbra una frondosa vegetación, delineando parcialmente el río y creando un contraste de texturas entre la madera rugosa del edificio y las hojas verdes. La luz, aunque difusa, parece provenir desde arriba e izquierda, iluminando selectivamente algunas áreas y dejando otras en penumbra, lo que acentúa el volumen del molino y genera una atmósfera melancólica.
En el fondo, se distingue un mástil de barco, insinuando la presencia de embarcaciones fluviales y sugiriendo una conexión entre el molino y las actividades comerciales o de transporte que podrían haber tenido lugar en el río. La inclusión de este elemento introduce una nota de dinamismo en un paisaje aparentemente estático.
La paleta cromática es contenida, dominada por tonos terrosos, ocres, verdes apagados y azules grisáceos. Esta elección contribuye a la atmósfera nostálgica y evocadora del lugar. El uso de la técnica mixta, con pinceladas sueltas y áreas lavadas, confiere a la obra una apariencia espontánea y efímera, como si se tratara de una impresión fugaz capturada sobre el papel.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una reflexión sobre el paso del tiempo y la relación entre el hombre y la naturaleza. El molino, símbolo de trabajo y progreso, coexiste con un entorno natural exuberante, pero también parece estar a punto de ser absorbido por él. La escena evoca una sensación de decadencia o abandono, sugiriendo que el molino, alguna vez vital para la comunidad, ha perdido su función original y se encuentra ahora en un estado de quietud contemplativa. La presencia del río, elemento constante y perpetuo, contrasta con la fragilidad e impermanencia de las construcciones humanas.