Nikolay Ge – Court of the Sanhedrin. Guilty of death!
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
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El espacio se divide en dos zonas principales. A la izquierda, un grupo de figuras avanza hacia el centro, sus rostros parcialmente ocultos por sombras o por las capuchas de sus túnicas. Se percibe tensión en su postura, una especie de movimiento forzado que los impulsa hacia adelante. A la derecha, se concentra la mayor parte del interés visual: un grupo más numeroso de hombres observa con expresión severa y acusadora. Algunos gesticulan con las manos, señalando o enfatizando sus palabras; otros parecen deliberar en silencio.
La iluminación es desigual, concentrada en el centro de la escena donde se aprecia una lámpara ceremonial, posiblemente un candelabro de siete brazos (menorá). Esta luz focalizada intensifica la atmósfera dramática y dirige la atención hacia las figuras centrales del juicio. El uso de claroscuro acentúa los volúmenes y crea una sensación de profundidad, pero también contribuye a la opacidad emocional de la escena.
En el plano frontal, se distinguen rostros con expresiones variadas: desde la indignación hasta la compasión contenida. Una figura femenina, ubicada en el extremo derecho, destaca por su vestimenta roja y su semblante angustiado; parece ser una espectadora que participa del drama pero está al margen de la decisión judicial.
Subtextualmente, la obra plantea interrogantes sobre la justicia, la responsabilidad colectiva y la influencia de la presión social. La multitud actúa como un juez implacable, desprovisto de individualidad y movido por una fuerza mayor que los individuos que la componen. La oscuridad que envuelve gran parte de la escena sugiere la complejidad moral del acto juzgado y las consecuencias potencialmente devastadoras para el acusado. El gesto de señalar con el dedo, repetido en varias figuras, simboliza la acusación y la condena. La lámpara central podría interpretarse como un símbolo de verdad o iluminación, pero su luz es limitada y no disipa completamente la oscuridad que rodea a los presentes. En general, se transmite una sensación de fatalidad inminente y de una injusticia arraigada en las estructuras de poder.