Rogier Van Der Weyden – Pierre Bladelin Triptych right panel WGA
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El hombre a la izquierda, vestido con ropajes suntuosos de color rojo y blanco, posiblemente un clérigo o dignatario eclesiástico, levanta sus manos en señal de súplica o adoración. Su rostro, marcado por la edad y la solemnidad, transmite una profunda humildad y arrepentimiento. A su lado, otro hombre, ataviado con una túnica azul ricamente decorada, comparte la misma postura de veneración, aunque su expresión parece más contenida, quizás reflejando una devoción más reservada o un estado emocional diferente. El tercero, situado a la derecha, muestra una intensidad similar en su gesto y mirada.
La figura celestial, ubicada en el centro superior del cuadro, se presenta como una aparición luminosa, rodeada de un halo radiante que difumina sus contornos. Su vestimenta blanca sugiere pureza e inocencia, mientras que su posición elevada la sitúa más allá del alcance terrenal. La luz que emana de ella ilumina los rostros de los hombres arrodillados, creando una atmósfera mística y trascendente.
El paisaje que sirve de telón de fondo es detallado y realista, con colinas onduladas, árboles frondosos y un horizonte urbano distante. Esta combinación de elementos naturales y construidos sugiere una conexión entre el mundo terrenal y el celestial, reforzando la idea de que lo divino puede manifestarse en cualquier lugar.
Subtextualmente, esta pintura podría interpretarse como una representación de la búsqueda espiritual, la súplica por perdón o la experiencia mística. La disposición vertical de los personajes y su dirección de mirada hacia arriba sugieren una aspiración a algo más allá de lo mundano, un anhelo por la trascendencia y la conexión con lo divino. Los ropajes lujosos de las figuras podrían simbolizar el poder terrenal o la riqueza material, contrastando con la humildad y la devoción que expresan en sus gestos y miradas. La luz radiante que emana de la figura celestial podría representar la gracia divina, la esperanza o la revelación espiritual. En definitiva, la obra invita a la contemplación sobre la fe, la redención y el misterio de lo divino.