Rogier Van Der Weyden – St John the Baptist Altarpiece central panel WGA
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En primer plano, una figura masculina, desnuda hasta el torso, se sumerge en las aguas de un río o estanque. Su rostro, marcado por una expresión serena y contemplativa, dirige la mirada hacia arriba. A su izquierda, otro hombre, vestido con ropas sencillas y teñidas de rojo intenso, extiende sus manos sobre él, participando activamente en el acto ritual del bautismo. La palidez de la piel de la figura central contrasta notablemente con el tono carnal más cálido del que la unge, acentuando su diferencia y posiblemente simbolizando una pureza superior.
A la derecha, un ángel, ataviado con una túnica blanca inmaculada, sostiene lo que parece ser una prenda de vestir, quizás un manto o una capa. Su postura es reverente, casi sumisa, observando el evento con atención y respeto. La delicadeza en sus rasgos y la suavidad de sus líneas sugieren una naturaleza etérea y celestial.
Sobre los personajes, en el centro superior del campo visual, se aprecia una representación luminosa que recuerda a un halo solar o una aureola divina. De esta emanación desciende una paloma blanca, símbolo universalmente reconocido como Espíritu Santo. La luz que irradia de este elemento central ilumina la escena, otorgándole una atmósfera mística y trascendente.
En los laterales, se distinguen dos figuras estáticas, esculpidas en piedra o madera, que parecen custodiar el evento sagrado. Su presencia refuerza la solemnidad del momento y sugiere un contexto histórico y religioso más amplio. El paisaje de fondo, con sus montañas y vegetación, aporta una sensación de profundidad y realismo a la composición, aunque permanece subordinado a los personajes principales.
La pintura presenta una notable atención al detalle en la representación de las texturas: el agua ondulante, la suavidad de las telas, la rugosidad de la piedra. La paleta cromática es rica y contrastada, con predominio de tonos cálidos (rojo, dorado) que enfatizan la importancia del evento narrado y tonos fríos (azul, blanco) que sugieren pureza y divinidad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la redención, el sacrificio, la purificación y la conexión entre lo humano y lo divino. La desnudez de la figura central puede interpretarse como un símbolo de vulnerabilidad y entrega a una voluntad superior. El marco arquitectónico sugiere una transición entre el mundo terrenal y el reino celestial. En conjunto, la composición transmite una profunda sensación de reverencia y misterio, invitando al espectador a contemplar los significados más profundos del evento representado.