Cornelis de Vos – Portrait of a Lady
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La dama está vestida con una indumentaria rica y elaborada. Predomina el negro en su atuendo, acentuado por encajes blancos que adornan sus muñecas y cuello. Este último se resalta mediante un voluminoso cuello de encaje, una característica distintiva de la moda de la época. Sobre su cabello, peinado con sencillez pero pulcritud, descansa una joya incrustada con piedras brillantes, posiblemente diamantes o cristales, que refleja la luz y atrae la atención hacia el rostro. Sus manos, delicadamente representadas, sostienen un pequeño objeto, quizás un abanico o un pañuelo, cuyo propósito parece ser más ornamental que funcional.
El rostro de la dama es el punto focal del retrato. Su expresión es serena y ligeramente melancólica; sus ojos, aunque fijos en el espectador, parecen albergar una profunda introspección. La iluminación, proveniente de una fuente lateral, modela su rostro, resaltando los pómulos y creando un juego de luces y sombras que le confiere realismo y profundidad.
La composición es formal y estática, propia del retrato cortesano. No obstante, la sutilidad en el tratamiento de la luz y la atención al detalle sugieren una búsqueda de mayor naturalismo. La riqueza de los materiales representados – las telas, las joyas, el mobiliario – denota un elevado estatus social.
Más allá de la mera representación física, el retrato transmite una sensación de dignidad y poderío silencioso. El atuendo opulento y la pose contenida sugieren una pertenencia a la nobleza o a una familia adinerada. La mirada introspectiva podría interpretarse como un reflejo de las responsabilidades inherentes a su posición social, o quizás como una expresión de individualidad en un contexto donde las convenciones sociales eran estrictas. El retrato no solo documenta la apariencia de la dama, sino que también busca proyectar una imagen idealizada de ella: una mujer virtuosa, culta y perteneciente a una clase privilegiada. La ausencia de elementos narrativos o contextuales refuerza esta impresión de solemnidad y atemporalidad.