Jan Sanders Van Hemessen – The Surgeon
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A la izquierda, una mujer observa la escena con una expresión ambivalente; no se percibe en ella ni horror ni compasión, sino más bien una especie de distante curiosidad o incluso indiferencia. Su vestimenta lujosa y el pañuelo que sostiene sugieren un estatus social elevado, posiblemente implicándola en este ritual de alguna manera.
El cirujano, con su rostro arrugado y sus ojos entrecerrados bajo un gorro rojo, irradia una extraña autoridad. No se trata de una figura grotesca o malvada, sino más bien de alguien que ejecuta una tarea con profesionalismo, aunque la naturaleza de esa tarea sea perturbadora. A su lado, otro hombre, vestido con ropajes clericales, parece supervisar el procedimiento, añadiendo un elemento de legitimación religiosa a la escena.
En el fondo, se vislumbra una arquitectura urbana, posiblemente una ciudad fortificada, que proporciona un contexto social y geográfico a la acción. La presencia de esta ciudad sugiere que este evento no es un incidente aislado, sino parte de una tradición o costumbre establecida.
La pintura plantea interrogantes sobre la naturaleza del sufrimiento humano, el poder médico y la moralidad. El contraste entre la opulencia del lecho y la brutalidad del procedimiento quirúrgico crea una tensión visual que invita a la reflexión. La ausencia de emoción evidente en los espectadores sugiere una desensibilización ante el dolor o una aceptación tácita de esta práctica como algo normalizado.
Más allá de la representación literal de un acto médico, se intuye una alegoría sobre la vulnerabilidad humana y la capacidad del hombre para infligir sufrimiento, incluso bajo la apariencia de conocimiento o autoridad. La imagen evoca una sensación de inquietud y desconcierto, dejando al espectador con más preguntas que respuestas. El uso de la luz, enfocada en el rostro del paciente y en las manos del cirujano, acentúa la dramatización de la escena y dirige la mirada hacia los elementos centrales de la narrativa visual.