John William Waterhouse – Il Dolce far niente
Ubicación: Private Collection
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En esta pintura, observamos una escena de aparente despreocupación y placidez. Una figura femenina, vestida con un atuendo que sugiere una ambientación mediterránea o oriental, se encuentra recostada sobre un lujoso tapiz, apoyando la cabeza en un cojín azul. Su postura es relajada, casi abandonada, transmitiendo una sensación de abandono a las preocupaciones cotidianas.
La luz inunda el espacio, creando un ambiente cálido y luminoso que acentúa la atmósfera de tranquilidad. El artista ha empleado una paleta de colores ricos y vibrantes: los dorados y ocres del tapiz contrastan con el azul del vestuario y el verde oscuro del jarrón donde reposan unas flores amarillas, posiblemente girasoles. Esta combinación cromática contribuye a la sensación de opulencia y bienestar.
Un elemento central en la composición es la interacción de la figura con una pequeña nube de plumón que flota en el aire. La mujer extiende su mano para atraparla, un gesto delicado y casi infantil que evoca una conexión con la naturaleza y la fugacidad del momento. La ligera sonrisa que se adivina en sus labios sugiere una satisfacción silenciosa, una contemplación pausada de lo simple.
El fondo está difuminado, pero se intuyen elementos arquitectónicos que sugieren un interior palaciego o una residencia señorial. La presencia de una lámpara colgante y la columna a la derecha refuerzan esta impresión de lujo y comodidad.
Más allá de la representación literal de una escena idílica, la pintura parece explorar el concepto del dolce far niente, esa filosofía italiana que celebra el placer de no hacer nada, de disfrutar del presente sin presiones ni obligaciones. La obra invita a la reflexión sobre la importancia de la pausa, de la contemplación y de la apreciación de los pequeños detalles que enriquecen la vida. Se sugiere una crítica implícita a las prisas y exigencias del mundo moderno, proponiendo un retorno a valores más esenciales: el ocio, la belleza y la conexión con uno mismo y con el entorno. La figura femenina se convierte así en un símbolo de resistencia ante la vorágine contemporánea, un oasis de calma en medio del caos.