Rijksmuseum: part 4 – Mieris, Frans van (II) -- De kruidenierster, 1715
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La disposición espacial es notable: el espacio se define por una estructura arquitectónica que simula un arco y una cornisa decorada con esculturas de querubines. Esta construcción artificial crea una sensación de profundidad y encuadre, a la vez que introduce un elemento teatral en la representación. La cornisa, con su ornamentación, contrasta con la sencillez de las figuras y los objetos representados, sugiriendo quizás una reflexión sobre el contraste entre lo mundano y lo idealizado.
La joven, con su expresión serena y sus gestos delicados, parece representar la diligencia y la laboriosidad. La cesta rebosa de frutos, símbolo de abundancia y prosperidad. El detalle del queso colocado junto a la cesta refuerza esta idea de riqueza material. Sin embargo, la mirada de la mujer mayor es más compleja; denota una mezcla de satisfacción, quizás melancolía o incluso una sutil crítica social.
La presencia del niño añade un elemento de inocencia y vitalidad a la escena. Su distracción con el animal pequeño podría interpretarse como una metáfora de la fugacidad del tiempo y la importancia de apreciar los pequeños placeres de la vida. El gato o ratón que sostiene, aunque aparentemente trivial, introduce una nota de ambigüedad moral: ¿es un símbolo de pureza o de astucia?
En general, la pintura transmite una sensación de quietud y contemplación. No se trata simplemente de una representación de una escena cotidiana; más bien, parece ser una reflexión sobre los valores familiares, el trabajo, la prosperidad y el paso del tiempo. La maestría en la ejecución técnica, especialmente en la representación de las texturas (la tela del pañuelo, la cesta de mimbre, la piel de los personajes), contribuye a crear una atmósfera de realismo y verosimilitud que invita al espectador a sumergirse en el mundo representado. La composición, con su cuidadosa distribución de luces y sombras, refuerza la sensación de intimidad y profundidad psicológica.