Rijksmuseum: part 4 – Beert, Osias -- Stilleven, 1600-1650
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El primer plano está dominado por una selección variada de alimentos: uvas colgantes en racimos generosos, frutas rojas vibrantes – fresas y granadas –, manzanas relucientes, un plato de queso cubierto de moho azul, y patatas de piel rugosa que contrastan con la delicadeza de las bayas. Un recipiente de cerámica blanca rebosa de frutos rojos, creando una sensación de abundancia casi desbordante. A su lado, unas pocas aceitunas dispersas añaden un toque de realismo y rusticidad a la escena.
En el fondo, se vislumbran elementos que sugieren una atmósfera de refinamiento: un jarrón ornamentado con detalles dorados, copas de vino de tallo delgado, y lo que parece ser una pieza de vajilla elaborada. La presencia de estos objetos apunta a una vida acomodada y al disfrute de los placeres sensoriales.
El autor ha empleado una técnica realista para representar la textura de cada objeto: la piel aterciopelada de las uvas, el brillo húmedo de las fresas, la superficie irregular del queso, la rugosidad de las patatas. Esta atención al detalle no solo demuestra un dominio técnico considerable, sino que también invita a una contemplación pausada de lo efímero y la decadencia inherente a la materia orgánica.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad del deterioro. El queso con moho, las frutas maduras al borde de su descomposición, son recordatorios visuales de que incluso la abundancia más exuberante está sujeta a la ley del tiempo. La oscuridad del fondo contribuye a esta atmósfera melancólica, acentuando la fugacidad de los placeres terrenales y posiblemente insinuando una dimensión espiritual o moral subyacente. La composición, en su conjunto, evoca un sentimiento de quietud contemplativa, invitando al espectador a meditar sobre la belleza efímera del mundo material.