Hans Rottenhammer – The Fall of Phaeton
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En lo alto, entre nubes turbulentas y una luz dorada cegadora, un grupo de personajes masculinos, presumiblemente dioses o entidades celestiales, parecen presenciar los acontecimientos. Uno de ellos, vestido con ropajes rojos y ostentando una barba imponente, se destaca por su postura de autoridad y preocupación. A su lado, una figura femenina alada, probablemente una diosa, extiende un brazo en gesto de advertencia o consternación. La luz que emana de esta zona superior ilumina parcialmente la escena inferior, acentuando el contraste entre lo divino y lo humano.
La parte inferior del cuadro está saturada de figuras humanas y mitológicas sumidas en el pánico. Se aprecia una multitud de desnudos masculinos y femeninos, algunos huyendo despavoridos, otros cayendo o siendo arrastrados por la fuerza de un elemento destructivo que se asemeja a un torrente o una inundación. La paleta de colores es rica y vibrante, con tonos ocres, dorados y rojos predominantes en las figuras centrales, mientras que los fondos montañosos y el paisaje se presentan en tonalidades más frías y apagadas.
El autor ha distribuido las figuras con gran dinamismo, creando una sensación de movimiento constante y desorden. Los cuerpos se retuercen en posturas dramáticas, expresando dolor, miedo y desesperación. La composición es asimétrica, lo que contribuye a la impresión general de caos e inestabilidad.
Más allá de la narración literal del evento representado – presumiblemente un castigo divino o una consecuencia imprevista de la arrogancia humana –, esta pintura sugiere subtextos sobre el poder, la responsabilidad y los límites de la ambición. La presencia de las figuras divinas en lo alto implica una jerarquía cósmica donde los mortales están sujetos a la voluntad de los dioses. El desastre que se despliega en la parte inferior puede interpretarse como una advertencia contra la soberbia y el desafío al orden establecido. La representación del sufrimiento humano, aunque exagerada por la escala y el dramatismo, evoca reflexiones sobre la fragilidad de la existencia y la inevitabilidad del destino. La escena, con su mezcla de belleza idealizada y horror visceral, invita a una contemplación profunda sobre la condición humana y las consecuencias de nuestras acciones.