William Blake – SATAN SMITING JOB WITH BOILS, 1826, WATERCOLOR
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La figura dominante es un hombre musculoso, representado en posición de ataque. Sus brazos extendidos, uno alzado con lo que parece ser un látigo o instrumento de castigo, el otro sosteniendo un tejido translúcido, sugieren una acción violenta e implacable. Su anatomía idealizada contrasta fuertemente con la vulnerabilidad de las dos figuras prostradas a sus pies.
Estas últimas, aparentemente una pareja, yacen sobre lo que parece ser un lecho o estera toscamente tejido. Una de ellas se cubre el rostro con las manos, mostrando angustia y dolor. La otra figura, más cercana al espectador, está tendida boca abajo, su cuerpo expuesto a la agresión. El detalle del cabello desordenado y la postura encorvada enfatizan su sufrimiento.
El paisaje que sirve de telón de fondo es parco en detalles: se distinguen ruinas arquitectónicas, un animal solitario (posiblemente una vaca) y una vegetación escasa y seca. Esta austeridad refuerza la sensación de abandono y desolación que impregna toda la composición.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de sufrimiento, injusticia y la confrontación entre el poder y la vulnerabilidad humana. La figura masculina, con su fuerza física y su actitud agresiva, podría interpretarse como una representación de la adversidad o incluso de una fuerza destructiva que se abate sobre los inocentes. El tejido que sostiene en sus manos podría simbolizar una máscara, un velo que oculta su verdadera naturaleza o una forma de engaño. La pareja prostrada, a su vez, encarna la fragilidad y la resistencia ante el dolor. La paleta cromática limitada, con predominio de tonos terrosos y grises, contribuye a crear una atmósfera opresiva y melancólica, intensificando la carga emocional de la escena. La composición general sugiere un relato bíblico o mitológico, donde se narra una historia de pérdida, sufrimiento y posible redención.