William Blake – Pity
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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La figura aérea presenta una palidez casi espectral, con una musculatura sugerida más que definida. Sus alas se extienden de manera dramática, creando líneas dinámicas que sugieren movimiento y una cierta urgencia en su descenso. La expresión del rostro es difícil de precisar; parece una mezcla de compasión y resignación, quizás incluso dolor. Se aprecia un gesto con la mano derecha, como si ofreciera algo o intentara consolar.
En contraste, el cuerpo yacente se muestra completamente vulnerable e indefenso. Su tez también es pálida, pero en este caso, la palidez acentúa la sensación de muerte o al menos de profunda enfermedad. La postura es relajada, casi abandonada, y los rasgos del rostro son apenas perceptibles, contribuyendo a una impresión general de anonimato y pérdida. La posición de las manos, una sobre el pecho y otra extendida lateralmente, podría interpretarse como un signo de súplica o de rendición.
El fondo es oscuro y nebuloso, construido con tonos azulados y grises que intensifican la atmósfera melancólica y opresiva. No hay elementos contextuales evidentes; el espacio parece infinito e inerte, acentuando la soledad del cuerpo en reposo. La luz, tenue y difusa, proviene aparentemente de la figura alada, iluminando parcialmente tanto a la víctima como al observador, creando una sensación de voyeurismo o de testigo silencioso de un evento trágico.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de sufrimiento, pérdida y compasión. La figura descendente podría representar la personificación de la Piedad, ofreciendo consuelo en medio del dolor. El cuerpo inerte simboliza la fragilidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. El contraste entre el movimiento y la quietud, la luz y la oscuridad, la esperanza y la desesperación, genera una tensión emocional palpable que invita a la reflexión sobre la condición humana y la naturaleza del sufrimiento. La ausencia de detalles identificatorios en el cuerpo sugiere una universalidad en la experiencia del dolor; no se trata de un individuo específico, sino de una representación simbólica de la pérdida compartida por todos los seres humanos.