Ernst Fuchs – img353
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En esta composición pictórica, la mirada se ve inmediatamente atraída por dos figuras centrales que dominan el espacio. A la izquierda, una figura masculina de piel verdosa y musculatura pronunciada es sostenida en un gesto que sugiere vulnerabilidad o incluso cautiverio. Su postura es tensa, con la cabeza ligeramente inclinada, transmitiendo una sensación de angustia o resignación. Una serpiente se entrelaza alrededor de su cuello, simbolizando tentación y posible caída.
A su derecha, una figura encarnada en la personificación de la Muerte se presenta con un atuendo elaborado que recuerda a las vestimentas eclesiásticas, aunque desprovisto de cualquier aura de santidad. El cráneo visible bajo el tocado enfatiza su identidad fúnebre. En sus manos sostiene un globo de cristal que contiene una calavera humana, un memento mori particularmente impactante y directo. La luz incide sobre la figura de la Muerte, resaltando los pliegues de su vestimenta y acentuando su presencia imponente.
El fondo es oscuro y fragmentado, con destellos de color que sugieren un paisaje infernal o una visión apocalíptica. Se distinguen figuras femeninas parcialmente visibles, sumidas en la penumbra, posiblemente representando almas condenadas. A los pies de la figura masculina, se observa una calavera adicional, reforzando el tema central de la mortalidad y la inevitabilidad del destino final.
La paleta cromática es contrastante: el verde enfermizo de la figura a la izquierda contrasta con los tonos cálidos y rojizos que envuelven a la Muerte. Esta yuxtaposición visual intensifica la tensión dramática de la escena. La técnica pictórica, con su meticuloso detalle y realismo expresivo, contribuye a crear una atmósfera opresiva y profundamente perturbadora.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar temas como el pecado, la redención, la fragilidad humana frente al destino inexorable y la vanidad de las ambiciones terrenales. La figura masculina podría representar a un pecador arrepentido o condenado, mientras que la Muerte se erige como juez implacable, recordatorio constante de la transitoriedad de la vida. El globo con la calavera funciona como una metáfora visual poderosa sobre la fugacidad de la existencia y la universalidad de la muerte. La obra invita a la reflexión sobre la condición humana y el peso del juicio final.