Ernst Fuchs – img395
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A la izquierda, una figura femenina, presumiblemente Eva, alza su brazo en un gesto que puede interpretarse como de ofrecimiento o sorpresa, mientras que sus alas apenas esbozadas sugieren una naturaleza angelical, ahora comprometida. A su derecha, se encuentra una figura masculina, Adán, con una expresión serena y contemplativa; lleva una corona de flores, indicando su posición original en un estado de gracia.
Entre ambos, serpentea una serpiente, cuyo cuerpo se entrelaza con el tronco del árbol y culmina en una calavera visible en la parte inferior. La serpiente parece ofrecer a Eva una fruta, que ella sostiene en alto. El árbol mismo es complejo, con ramas retorcidas y un follaje denso que oculta parcialmente las figuras, creando una sensación de opresión y secreto. En el cielo se observan dos cuerpos celestes, uno más prominente que el otro, posiblemente representando la luna y el sol, elementos recurrentes en narrativas sobre la creación y la caída del hombre.
La técnica utilizada, con su marcado uso del claroscuro y los detalles minuciosos, evoca un estilo de grabado antiguo, reforzando la impresión de una escena sacra o mitológica. La desnudez de las figuras centrales es significativa; simboliza la inocencia original y la vulnerabilidad ante el conocimiento prohibido.
Subyace en esta imagen una reflexión sobre la tentación, la pérdida de la inocencia y la introducción del pecado en el mundo. El árbol no es solo un elemento decorativo, sino un símbolo de vida, conocimiento y, finalmente, de separación. La serpiente representa la astucia y la capacidad de persuasión, mientras que los rostros de Adán y Eva sugieren una mezcla de curiosidad, temor y resignación ante su destino. La composición en general transmite una sensación de fatalismo, como si el desenlace estuviera predeterminado desde el principio.