Jean-Léon Gérôme – The Plague at Marseilles
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En el primer plano, una multitud se agolpa en un espacio abierto, mostrando signos de angustia y desesperación. Algunas figuras yacen inertes sobre el suelo, cubiertas con telas blancas que evocan la muerte y el sufrimiento. Otros personajes, arrodillados o postrados, elevan sus manos hacia el cielo en una súplica ferviente. Una figura central, vestida con un hábito religioso, se destaca entre la multitud; su postura erguida y su mirada dirigida al alto sugieren un papel de intercesión o liderazgo espiritual. El atuendo del personaje, con su distintivo cuello alto y su semblante sereno, le confiere una dignidad que contrasta con el caos circundante.
La parte superior de la composición está dominada por una representación celestial. Dos ángeles, uno sosteniendo un objeto luminoso y otro extendiendo sus alas protectoras, flanquean a una figura femenina vestida de azul, que parece descender del cielo. Esta presencia divina irradia esperanza y consuelo en medio de la calamidad terrenal. La luz que emana de los ángeles ilumina parcialmente la escena inferior, creando un contraste entre la oscuridad de la desesperación humana y el resplandor de la gracia divina.
La composición general sugiere una reflexión sobre el sufrimiento humano frente a una fuerza superior. El contexto urbano, la multitud afligida, las figuras inertes y la presencia angelical apuntan a una situación de crisis, posiblemente una epidemia o desastre natural. La figura religiosa central podría representar un símbolo de esperanza y consuelo para los afectados, actuando como mediadora entre el cielo y la tierra. La disposición vertical de la composición enfatiza la dicotomía entre lo terrenal y lo celestial, invitando a la contemplación sobre temas como la fe, la redención y la fragilidad de la existencia humana. La paleta de colores, con tonos oscuros predominantes en la parte inferior y una luminosidad creciente hacia el cielo, refuerza esta dualidad y contribuye al dramatismo general de la obra.