Jean-Léon Gérôme – AFTER THE BATHSOLD
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La escena representada se desarrolla en un espacio interior que evoca una arquitectura palaciega orientalista. El autor ha plasmado un patio o hamam, caracterizado por columnas ornamentadas y arcos lobulados con intrincados detalles decorativos. La luz incide sobre las superficies lisas del mármol blanco, creando reflejos en el agua de una piscina que ocupa gran parte del primer plano.
Tres figuras femeninas son los protagonistas principales. Dos de ellas se encuentran sentadas al borde de la piscina, desnudas y con posturas relajadas; una fuma un narguile, mientras que la otra parece observar a la tercera figura, ubicada en una plataforma elevada. Esta última, envuelta en un tejido azul brillante, exhibe una actitud más contemplativa o quizás expectante. Un joven, parcialmente visible, se encuentra de pie detrás de ella, con una expresión serena y vestimenta que sugiere su rol como servidor o acompañante.
La composición es cuidadosamente equilibrada, con la distribución de las figuras y los elementos arquitectónicos guiando la mirada del espectador. El uso de colores cálidos en el mármol contrasta con el azul intenso del tejido y los tonos más oscuros de los objetos dispersos alrededor de la piscina – frutas, telas arrugadas–. Los reflejos en el agua añaden profundidad a la imagen y duplican parcialmente las figuras, creando una sensación de intimidad y misterio.
Subtextualmente, la pintura sugiere un ambiente de sensualidad y placer privado. La desnudez femenina no se presenta como explícita sino más bien como parte de un ritual de higiene o relajación en un contexto exótico. El narguile y las frutas evocan una atmósfera de indulgencia y deleite sensorial. La presencia del joven refuerza la idea de un servicio dedicado a satisfacer los deseos de las mujeres.
Es posible interpretar la obra como una representación idealizada de la vida en el harén, o más ampliamente, como una fantasía orientalista que refleja las percepciones occidentales sobre culturas consideradas exóticas y lujuriosas. La mirada del espectador se convierte así en un elemento activo dentro de la escena, invitándolo a participar en este espacio íntimo y reservado. El tratamiento detallista de los elementos arquitectónicos y la piel femenina denota una preocupación por el virtuosismo técnico y la recreación de texturas y luces.