Anthony Frederick Augustus Sandys – Grace Rose
Ubicación: Yale Center for British Art, Paul Mellon Collection, New Haven.
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La paleta cromática se centra en tonos cálidos: blancos nacarados para la piel, dorados para los adornos y un amplio abanico de rosas que dominan tanto el fondo como el primer plano. La luz incide sobre su rostro con suavidad, modelando sus facciones y resaltando la delicadeza de sus rasgos. La textura de las telas – seda en la blusa, encaje en el cuello – se reproduce con gran realismo, evidenciando una atención al detalle característica del retrato de época.
El elemento floral es fundamental. Las rosas, profusión de ellas, no son meros accesorios decorativos; parecen extenderse como un halo alrededor de la retratada, simbolizando posiblemente belleza, amor y fragilidad. La presencia de una rama de rosas en flor junto a ella sugiere vitalidad y juventud, mientras que su disposición, algunas marchitas o ya florecidas, podría aludir a la transitoriedad del tiempo y la naturaleza efímera de la vida.
La mujer porta joyas ostentosas: un collar con un colgante dorado, pendientes a juego y anillos en sus dedos. Estos elementos sugieren una posición social elevada y una cierta opulencia material. El anillo que lleva en el dedo índice, particularmente llamativo, podría ser interpretado como símbolo de compromiso o pertenencia a una determinada clase.
En la esquina superior derecha se distingue un escudo heráldico, indicando afiliación familiar o linaje noble. La inscripción “Grace Rose A.D. 1866” en la parte superior sugiere el nombre de la retratada y la fecha de creación de la obra.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas relacionados con la identidad femenina, la belleza idealizada y el estatus social. La serenidad de la modelo contrasta con la exuberancia floral que la rodea, creando una tensión sutil entre la apariencia externa y la posible complejidad interna. La composición, cuidadosamente equilibrada y simétrica, refuerza la impresión de control y elegancia, características asociadas a la clase alta del siglo XIX. En definitiva, se trata de un retrato que trasciende la mera representación física para ofrecer una ventana a un mundo de privilegios, convenciones sociales y valores estéticos propios de su tiempo.