Amedeo Modigliani – Portrait of the artist Frank Haviland
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En este retrato, el autor presenta a un hombre joven con la mirada baja, absorto en lo que parece ser un objeto pequeño que sostiene entre sus manos. La composición se centra casi exclusivamente en la figura, recortada contra un fondo abstracto y fragmentado.
La paleta cromática es intensa, dominada por tonos rojizos en la vestimenta del sujeto –una camisa o chaleco de color carmesí vibrante– contrastados con los ocres y marrones que modelan el rostro y las zonas sombrías. El uso de pinceladas gruesas y visibles, particularmente en el fondo, sugiere una ejecución rápida y expresiva, alejada de la precisión académica. La textura resultante es palpable, casi escultórica en algunas áreas.
El rostro del hombre no se presenta con detalles idealizados; al contrario, las facciones son angulosas y marcadas, transmitiendo una sensación de introspección o incluso melancolía. La luz incide directamente sobre el lado izquierdo del rostro, acentuando los pómulos y creando fuertes contrastes que enfatizan la profundidad de sus rasgos.
El fondo, compuesto por líneas verticales irregulares en tonos azules y verdes, podría interpretarse como una representación estilizada de un entorno urbano o interior. Sin embargo, su abstracción impide una identificación concreta, funcionando más bien como un elemento que intensifica el aislamiento del personaje.
La actitud del sujeto –la cabeza inclinada, la mirada dirigida hacia abajo– sugiere concentración en una tarea manual delicada, posiblemente relacionada con las artes. La atención se centra en sus manos y el objeto que manipula, lo cual podría indicar su identidad profesional o un pasatiempo significativo. El conjunto evoca una atmósfera de soledad reflexiva, donde el individuo parece sumergido en su propio mundo interior, ajeno a la realidad circundante. Existe una tensión entre la intensidad del color y la austeridad de la expresión, generando una impresión de fragilidad contenida.