Amedeo Modigliani – Modigliani Femme aux yeux bleus, Paris
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La obra presenta el retrato de una mujer, posiblemente en un interior parisino a juzgar por la atmósfera y estilo. La figura femenina ocupa casi toda la extensión del lienzo, recortada sobre un fondo difuso que sugiere paredes o elementos arquitectónicos neutros.
El artista ha empleado una paleta cromática restringida, dominada por tonos oscuros –negro, marrones profundos– contrastados con el color carne de su rostro y manos. Esta limitación en la gama de colores acentúa la intensidad de la mirada y la forma del rostro. La aplicación de la pintura es visiblemente empastada, con pinceladas que no buscan un acabado pulido sino una textura expresiva.
La mujer se muestra de medio cuerpo, vestida con lo que parece ser un abrigo o capa oscura de cuello alto. Su mano izquierda está ligeramente levantada, como si sostuviera algo invisible o en un gesto introspectivo. La atención del espectador se dirige inmediatamente a su rostro alargado y estilizado, caracterizado por unos ojos grandes y azules, inusualmente prominentes y que parecen desviar la mirada.
La forma de los ojos, junto con el cuello largo y delgado, y las líneas simplificadas de sus rasgos faciales, sugieren una cierta idealización o abstracción de la figura humana. No obstante, esta idealización no se traduce en belleza convencional; más bien, transmite una sensación de melancolía, aislamiento o incluso inquietud. La expresión es ambigua: podría interpretarse como tristeza, resignación o simplemente un estado de contemplación profunda.
El fondo indefinido y la ausencia de detalles contextuales contribuyen a crear una atmósfera introspectiva y atemporal. El retrato parece centrarse en la psicología del sujeto, más que en su representación realista. La composición, aunque sencilla, es efectiva para dirigir la mirada hacia el rostro y enfatizar la singularidad de la figura retratada. Se percibe un interés por explorar la forma y la línea, elementos que se subordinan a la expresión emocional.