Jeanne Hebuterne Amedeo Modigliani (1884-1920)
Amedeo Modigliani – Jeanne Hebuterne
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Pintor: Amedeo Modigliani
Un hombre enamorado siempre está un poco loco, especialmente si también es un artista. El amor y la pasión desbordantes de Amedeo Modigliani y su esposa, inspiración y aliada, Jeanne Ebuterne, se convirtieron en felicidad y dolor para su familia. Amedeo era un gran bebedor y soñaba con el suicidio. Jeanne, en respuesta a los comentarios de sus amigos de que su marido necesita ayuda, respondió que un hombre tan grande debe morir.
Descripción del cuadro de Amedeo Modigliani "Retrato de Jeanne Ebuterne".
Un hombre enamorado siempre está un poco loco, especialmente si también es un artista. El amor y la pasión desbordantes de Amedeo Modigliani y su esposa, inspiración y aliada, Jeanne Ebuterne, se convirtieron en felicidad y dolor para su familia. Amedeo era un gran bebedor y soñaba con el suicidio. Jeanne, en respuesta a los comentarios de sus amigos de que su marido necesita ayuda, respondió que un hombre tan grande debe morir. Estuvieron juntos poco tiempo, sólo tres años. Sin embargo, en un periodo tan corto, el artista y escultor consiguió crear 25 retratos de ella.
Dibujó a su Jeanne con elegantes sombreros de ala ancha, con enormes cuentas de joyería y con vestidos de terciopelo. Una de las obras clave fue "Retrato de Jeanne Ebouterne". Esta foto es la más sencilla, sin adornos ni florituras. La chica aparece ante el espectador con ropa sencilla y el pelo suelto sobre los hombros. A pesar del estilo expresionista del cuadro, su rostro sigue siendo reconocible. La mirada característica, ligeramente entrecerrada, delata a la musa de Modigliani. La obra está ejecutada en tonos cálidos y suaves.
Parecía que a la pareja sólo le quedaba un camino brillante por delante y una larga vida feliz. Sin embargo, las pasiones destructivas del artista jugaron su papel en esta historia. La pasión por el alcohol debilitó la inmunidad de Amedeo. En enero de 1920 murió en París, para convertirse en un ángel, como le había predicho su amada Jeanne. Ella misma no podía soportar estar separada de su marido. Al día siguiente de la muerte de su marido, la mujer embarazada se tiró por la ventana. Su hija mayor fue adoptada posteriormente por la hermana del artista.
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La obra presenta el retrato de una joven mujer, capturada desde un ángulo frontal y ligeramente elevado. El rostro, de facciones alargadas y estilizadas, domina la composición. La palidez de la tez contrasta fuertemente con los tonos rojizos y castaños del cabello, que cae en cascada sobre los hombros. Los ojos, almendrados y oscuros, se dirigen directamente al espectador, transmitiendo una mirada serena pero distante.
El autor ha empleado una pincelada visible y deliberadamente tosca, especialmente perceptible en el tratamiento de la piel y el cabello. Esta técnica contribuye a crear una sensación de fragilidad y vulnerabilidad en la figura retratada. El fondo se divide en dos zonas cromáticas: un azul oscuro y profundo que envuelve parcialmente al rostro y un ocre terroso que ocupa la parte derecha del lienzo. La ausencia de detalles superfluos, como joyas o adornos, enfatiza la simplicidad y la pureza de la imagen.
La composición, aunque aparentemente sencilla, revela una profunda carga emocional. El contraste entre los tonos fríos del fondo y el calor de la piel sugiere una tensión interna en la figura retratada. La mirada directa, combinada con la palidez extrema, puede interpretarse como un reflejo de melancolía o incluso sufrimiento.
La forma en que se ha representado al modelo, con rasgos delicados pero a la vez angulosos y definidos, evoca una sensación de belleza trágica. La ausencia de sonrisas y la expresión contenida sugieren una introspección profunda y un cierto grado de aislamiento. El uso limitado de colores y la pincelada expresiva refuerzan esta atmósfera de intimidad y soledad. Se percibe una búsqueda de la esencia del ser, más allá de las apariencias externas.