021 The seventh circle. Dante and Virgil encountering a centaur, and the centaur Nessus carrying Dante and Virgil on his back past the lake of boiling blood in which are submerged Attila and other tyrants Divina Commedia (1444-1450)
Divina Commedia – 021 The seventh circle. Dante and Virgil encountering a centaur, and the centaur Nessus carrying Dante and Virgil on his back past the lake of boiling blood in which are submerged Attila and other tyrants
Aquí se observa una escena de tormento y tránsito en un paisaje infernal. El espacio está dominado por una pendiente rocosa, abrupta y fragmentada, que desciende hacia un lago de sangre hirviente de color rojo intenso. La composición se articula alrededor de la figura central de un centauro, Nessus según el contexto narrativo, que transporta sobre su lomo a dos hombres vestidos con túnicas rosadas; presumiblemente los protagonistas del relato. La paleta cromática es deliberadamente contrastante: los tonos fríos y azulados de las rocas se oponen al calor incandescente del lago, acentuando la atmósfera opresiva y el sufrimiento inherente a este lugar. La luz, aunque difusa, parece emanar desde el propio infierno, iluminando con crudeza las figuras condenadas que emergen parcialmente del agua. A lo largo de la pendiente, se alinean varias figuras masculinas, ataviadas con ropas similares a los protagonistas y armadas con arcos tensados. Su postura es tensa, concentrada en una tarea implícita: vigilar o castigar a las almas sumergidas. La presencia de estos centinelas refuerza la idea de un sistema punitivo inflexible e impersonal. En el lago, se vislumbran fragmentos de cuerpos y extremidades, sugiriendo la naturaleza brutal y deshumanizante del tormento. La representación no busca la belleza estética, sino transmitir una sensación de horror visceral y desesperación. Subyacentemente, la obra plantea interrogantes sobre la justicia divina, el poder terrenal y las consecuencias de la tiranía. La figura del centauro, criatura mitológica que encarna la dualidad humana –la parte racional y la instintiva–, podría interpretarse como un símbolo de la propia naturaleza ambivalente del poder. El acto de transportar a los protagonistas a través del infierno sugiere una guía forzada, una aceptación reluctante de un destino inevitable. La disposición de las figuras, con sus miradas fijas y su postura rígida, transmite una sensación de resignación ante el sufrimiento perpetuo. La escena, en su conjunto, es una alegoría visual sobre la fragilidad humana frente a fuerzas superiores y la implacabilidad del castigo eterno.
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021 The seventh circle. Dante and Virgil encountering a centaur, and the centaur Nessus carrying Dante and Virgil on his back past the lake of boiling blood in which are submerged Attila and other tyrants Ilustración — Divina Commedia
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La paleta cromática es deliberadamente contrastante: los tonos fríos y azulados de las rocas se oponen al calor incandescente del lago, acentuando la atmósfera opresiva y el sufrimiento inherente a este lugar. La luz, aunque difusa, parece emanar desde el propio infierno, iluminando con crudeza las figuras condenadas que emergen parcialmente del agua.
A lo largo de la pendiente, se alinean varias figuras masculinas, ataviadas con ropas similares a los protagonistas y armadas con arcos tensados. Su postura es tensa, concentrada en una tarea implícita: vigilar o castigar a las almas sumergidas. La presencia de estos centinelas refuerza la idea de un sistema punitivo inflexible e impersonal.
En el lago, se vislumbran fragmentos de cuerpos y extremidades, sugiriendo la naturaleza brutal y deshumanizante del tormento. La representación no busca la belleza estética, sino transmitir una sensación de horror visceral y desesperación.
Subyacentemente, la obra plantea interrogantes sobre la justicia divina, el poder terrenal y las consecuencias de la tiranía. La figura del centauro, criatura mitológica que encarna la dualidad humana –la parte racional y la instintiva–, podría interpretarse como un símbolo de la propia naturaleza ambivalente del poder. El acto de transportar a los protagonistas a través del infierno sugiere una guía forzada, una aceptación reluctante de un destino inevitable. La disposición de las figuras, con sus miradas fijas y su postura rígida, transmite una sensación de resignación ante el sufrimiento perpetuo. La escena, en su conjunto, es una alegoría visual sobre la fragilidad humana frente a fuerzas superiores y la implacabilidad del castigo eterno.