Robert Mapplethorpe – art 232
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En esta obra, se presenta una composición centrada en dos plantas carnívoras, específicamente Sarracenia. El autor las sitúa frente a un fondo de color púrpura intenso y uniforme, que acentúa la presencia de los ejemplares botánicos. La iluminación es precisa, resaltando texturas y volúmenes con una claridad casi fotográfica.
Las plantas dominan el espacio visual. Sus tallos, de tonalidades verdosas y con una marcada veteación, se elevan desde la base hacia las hojas superiores, que exhiben un color amarillo pálido, casi ocre. La forma de estas hojas es singular: enrolladas sobre sí mismas, sugieren una especie de cuenco o receptáculo. La meticulosidad en el detalle permite apreciar la complejidad de su estructura, incluyendo los pequeños pelos y las irregularidades superficiales que caracterizan a estos organismos.
El fondo oscuro actúa como un vacío absoluto, eliminando cualquier distracción y concentrando la atención del espectador en las plantas. Esta ausencia de contexto ambiental podría interpretarse como una descontextualización deliberada, separando a estas especies de su hábitat natural y elevándolas a la categoría de objetos de estudio o incluso de símbolos.
La yuxtaposición de los colores – el verde terroso de los tallos, el amarillo apagado de las hojas y el púrpura profundo del fondo – genera una tensión cromática que contribuye a la atmósfera inquietante de la obra. El contraste entre la belleza formal de las plantas y su naturaleza depredadora introduce un subtexto perturbador. Estas plantas, aparentemente inofensivas, son cazadoras silenciosas, capaces de atraer y digerir insectos para complementar su nutrición.
La composición, con sus dos ejemplares simétricos, podría sugerir una reflexión sobre la dualidad: belleza y peligro, vida y muerte, atracción y destrucción. El autor parece interesado en explorar los aspectos menos conocidos y más inquietantes del mundo natural, invitando a una contemplación silenciosa de la complejidad inherente a la existencia. La precisión técnica con que se representan las plantas sugiere un interés científico, pero también una fascinación por lo extraño y lo inusual.