Daniel Seghers – seghers-schutt-and-van-thielen floral wreath with madonna and child 17th-c
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La Virgen, vestida con túnicas azuladas y rojas, sostiene al Niño Jesús sobre su regazo. Su rostro denota serenidad y compasión, mientras que el niño parece interactuar con un objeto esférico, posiblemente una esfera de cristal o un globo terráqueo en miniatura. La disposición de ambos sugiere una relación íntima y protectora.
La guirnalda floral que rodea a la Virgen no es meramente decorativa; constituye un elemento simbólico fundamental. Se distinguen diversas especies florales, cada una portadora de significados específicos dentro del repertorio iconográfico cristiano. Las rosas, por ejemplo, aluden a la pureza y el amor divino, mientras que los lirios blancos simbolizan la castidad y la Inmaculada Concepción. La abundancia y variedad de las flores sugieren la fertilidad, la gracia divina y la promesa de vida eterna.
El soporte arquitectónico, ricamente ornamentado con volutas y motivos vegetales, refuerza la solemnidad de la escena. En los laterales, dos querubines alados observan la escena desde una posición superior, actuando como mensajeros celestiales. La luz, aunque difusa, ilumina principalmente a las figuras centrales, acentuando su importancia dentro del conjunto.
Más allá de la representación literal de la Virgen y el Niño, esta pintura parece explorar temas relacionados con la divinidad, la maternidad, la pureza y la redención. El uso extensivo de elementos florales sugiere una conexión entre lo terrenal y lo celestial, invitando a la contemplación espiritual. La esfera que sostiene el niño podría interpretarse como un símbolo del universo o del poder divino que se manifiesta en la creación. En definitiva, la obra busca evocar una atmósfera de devoción y reverencia, apelando a los sentimientos religiosos del espectador.