Shterenberg – shterenberg still life with blue vase 1919
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El espacio se define mediante fuertes contrastes de luz y sombra. Una densa área oscura envuelve parcialmente los objetos, acentuando su volumen y creando una sensación de misterio. La iluminación no es uniforme; parece provenir de una fuente lateral, proyectando sombras que distorsionan las formas y contribuyen a la atmósfera irreal del conjunto.
En el centro de la composición se ubica un bodegón azul, cuya forma simplificada y color vibrante lo convierte en el punto focal. A su alrededor, dos frutas –una pera y una naranja– exhiben una textura palpable, casi táctil, gracias al tratamiento pictórico que enfatiza sus imperfecciones y relieves. Un paño blanco con encaje delicado se extiende sobre la superficie, aportando un elemento de domesticidad y elegancia a la escena. Finalmente, un objeto alargado, posiblemente un pincel o una herramienta similar, se sitúa en el borde derecho, introduciendo una nota de ambigüedad e incluso de autorreferencialidad.
La disposición de los elementos es aparentemente casual, pero revela una cuidadosa planificación. La falta de perspectiva tradicional y la simplificación de las formas sugieren una intención de descontextualizar los objetos, liberándolos de su significado funcional para elevarlos a la categoría de símbolos puros. El contraste entre el azul frío del jarrón y los tonos cálidos de la fruta podría interpretarse como una representación de opuestos complementarios: lo artificial frente a lo natural, lo estático frente a lo dinámico.
La pintura evoca una sensación de quietud e introspección. La ausencia de figuras humanas sugiere un mundo deshabitado, donde los objetos adquieren una presencia autónoma y silenciosa. El encaje, con su intrincada trama, podría simbolizar la fragilidad de la belleza o la complejidad oculta bajo la apariencia simple. En definitiva, se trata de una obra que invita a la reflexión sobre la naturaleza de la percepción y el significado de los objetos en nuestro entorno.