Vladimir Kazantsev – На Урале. 1888. Холст, масло, 71х120 см
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El autor ha dispuesto un macizo rocoso a la derecha, imponente y cubierto parcialmente de nieve, que se eleva sobre el terreno circundante. La roca presenta una textura rugosa, marcada por sombras que sugieren un relieve considerable. Una única conífera emerge en su cima, destacando contra el cielo crepuscular.
El bosque, denso y oscuro, ocupa la parte izquierda del cuadro, creando una barrera visual que limita la profundidad del espacio. La atmósfera es opresiva, cargada de humedad y frío palpable. El cielo, pintado con tonos pastel de amarillo y rosa, sugiere un amanecer o atardecer, aunque la luz es difusa y no ilumina directamente el paisaje.
La paleta cromática se centra en los tonos fríos: grises, azules y blancos dominan la escena, acentuados por las sombras profundas que modelan las rocas y el bosque. La pincelada es suelta y expresiva, contribuyendo a la sensación de inestabilidad y crudeza del entorno.
Más allá de una mera descripción geográfica, esta pintura parece explorar temas relacionados con la soledad, la vastedad y la resistencia ante la naturaleza implacable. La diligencia, símbolo de progreso y civilización, se presenta como un punto vulnerable en medio de un paisaje indómito. El tamaño reducido de las figuras humanas frente a la magnitud del entorno sugiere una reflexión sobre la fragilidad humana y su relación con el mundo natural. Se intuye una cierta melancolía, una sensación de aislamiento que evoca la dureza de la vida en regiones remotas. La imagen invita a contemplar la fuerza silenciosa de la naturaleza y la insignificancia aparente del hombre ante ella.